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Enviado martes, 11 de enero, 2011 - 02:07 pm:   Imprimir Mensaje

TRIBUNA: FRANCISCO RICO
Teoría y realidad de la ley contra el fumador

FRANCISCO RICO 11/01/2011
el País

Quizá no por entero, pero en aspectos importantes la "Ley 42/2010, de 30 de diciembre, por la que se modifica la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo", etcétera, etcétera, es un golpe bajo a la libertad, una muestra de estolidez y una vileza. Vayamos, brevísimamente, por partes, y en cada una con solo un par de calas.

Golpe bajo. Dejemos de lado que no pocos de los argumentos contra el tabaco carecen de rigor científico y son simple fruto del desconocimiento, por las actuales insuficiencias de la investigación. (Como cuando hace unos años el aceite de oliva se consideraba malo para el colesterol y se excluía de la "sana dieta mediterránea" en la que hoy tanto se ponderan sus virtudes). Concedamos asimismo que la prohibición de fumar en muchos lugares públicos es una medida juiciosa. En muchos, sí, bien está, pero ¿en todos?

A los fumadores en ejercicio se les veta la entrada en multitud de sitios, mientras a nadie se le fuerza a ir a los bares o restaurantes que aquellos elijan. ¿Cuál es el problema para que los fumadores -clientes, dependientes y dueños- dispongan de lugares en que los no fumadores sean libres de no entrar? Cada uno puede hacer de su capa un sayo: contra su voluntad no hay por qué protegerlo de vagos peligros. Más de las tres cuartas partes de los españoles da por buena la existencia de locales para fumadores. La ley de marras es una efectiva restricción de la libertad y un estorbo a la conllevancia.

Estolidez. Los redactores de la ley confirman clamorosamente la opinión que de los políticos tiene la mayoría de los ciudadanos. La torpeza preside en especial la lista de espacios vedados al tabaco. Es patente que el legislador ha ido señalándolos a voleo, según se le pasaban por la cabeza, sin ninguna preocupación por el orden y la congruencia.

El artículo séptimo, así, cataloga los tales espacios desde la letra a hasta la equis. Al llegar a la erre menciona las "Estaciones de servicio y similares". A continuación, en la ese, introduce una disposición universal y omnicomprensiva: "Cualquier otro lugar en el que, por mandato de esta ley o de otra norma o por decisión de su titular, se prohíba fumar". Parece que ahí debiera acabarse la cosa. Pero no, el inventario vuelve a la enumeración particular: "Hoteles, hostales y establecimientos análogos", etcétera, etcétera. Para acabar majestuosamente: "En todos los demás espacios cerrados de uso público o colectivo". En comparación, la enciclopedia china de Borges es un modelo de lógica: "Los animales se dividen en a/ pertenecientes al Emperador, b/ embalsamados, c/ amaestrados, d/ lechones...".

De las luces que exhiben los parlamentarios reos del texto baste solo otro espécimen: según el artículo octavo, quien en un hotel quiera el desayuno en su habitación de fumador tendrá que salir de ella para que el camarero se lo sirva y que volver a entrar cuando el camarero salga.

Vileza. Domina la ley el espíritu persecutorio, en un horizonte de entredichos y busca de culpabilidades ("incluso en los supuestos de infracciones cometidas por menores"), de aliento a la intolerancia y la discordia, y de cerrazón sectaria a la realidad de la vida y de los hombres.

En la España de otros tiempos se llamaba malsín al que "de secreto avisa a la justicia de algunos delitos con mala intención y por su propio interés". Es un hecho que la ley y las incitaciones de la ministra de Sanidad están abriendo ya la puerta a los malsines. Nada tan fácil como la delación movida por conveniencias innobles, inquinas o malhumores, y anónima o presentada con una falsa identidad: no hay más que enviarla a cualquiera de las diligentes webs que le darán curso sin comprobar (así lo pregonan) "la veracidad de los datos expuestos por el denunciante". No se trata de una presunción: insisto, es ya un hecho.

Donde la actitud inquisitorial y el celo puritano se precipitan vertiginosamente hacia la vileza es en el nuevo artículo 7 c, que generaliza la interdicción en los "centros, servicios o establecimientos sanitarios, así como en los espacios al aire libre o cubiertos comprendidos en sus recintos". En ningún otro sitio estaría más justificado que ahí fijar lugares y excepciones para fumar (también marihuana). Pero los padres de la patria, hijos de moralinas abstractas y huérfanos de toda comprensión humana, desprecian las personas y las situaciones reales.

En las cárceles y en los psiquiátricos está autorizado fumar "en las zonas exteriores" o en "salas cerradas habilitadas al efecto". A los viejos y discapacitados se les permite en las áreas ad hoc de los asilos, aunque de ningún modo al aire libre ni en sus habitaciones. Con los enfermos hospitalizados no hay la mínima complacencia. A los padecimientos que comporta verse en tal situación, el legislador añade, ensañándose, la tortura de la abstinencia. "¡Qué escándalo -debe de juzgar-, satisfacer los bajos apetitos de un paciente terminal -de cáncer de pulmón, pongamos- que no piensa en otra cosa que en echarse unos pitillos!". Con absoluta desestima de los datos, de la voluntad y el sufrimiento ajenos, sacrifica al individuo cercano en el altar de un remoto ideal genérico. Líbrenos Dios de los altos principios.

P.S. En mi vida he fumado un solo cigarrillo.
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Enviado jueves, 20 de enero, 2011 - 09:36 pm:   Imprimir Mensaje

Sobre la prohibición del tabaco

FRANCISCO RICO - Madrid - 19/01/2011

Veo aquí y allá reacciones hostiles a mi articulillo Teoría y práctica de la ley contra el fumador. Son casi todas patosas inquisiciones en mi vida privada y solo alguna toma en cuenta los puntos sustanciales de mis alegaciones, entre ellos la observación de que "no pocos de los argumentos contra el tabaco carecen de rigor científico".

De hecho, es escasa la bibliografía sobre los efectos de la legislación en la salud de los no fumadores. Roncaglia & Adda han estudiado el tema atendiendo a la concentración de cotinina (un metabolito de la nicotina, más seguro que esta como biomarcador). La conclusión es que cuanto más se refuerzan las prohibiciones en lugares de ocio, más crecen los niveles de cotinina en los no fumadores, sobre todo en los niños, que son los principales afectados a corto y largo plazo.

La razón está en que la prohibición en bares y restaurantes hace que el consumo de tabaco se desplace e intensifique en los espacios privados. "Las prohibiciones totales -resumen- no tienen por qué ser el criterio óptimo. Mejor parece habilitar sitios alternativos para los fumadores". (Cito la presentación que hacen en The Effects of Taxes and Bans on Passive Smoking / British Academy Review / número 11, julio de 2008). Mientras no vea en la literatura científica que los resultados de Roncaglia & Adda han sido refutados o corregidos con una investigación equiparable, seguiré dándolos por buenos y creyendo perjudicial la prohibición total de 2010: total y totalitaria en la medida en que ignora por completo las realidades y situaciones concretas.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/prohibicion/tabaco/elpepiopi/20110119elpe piopi_8/Tes
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Enviado jueves, 20 de enero, 2011 - 09:43 pm:   Imprimir Mensaje

Francia se fuma la censura del cigarro
Los diputados excluyen el patrimonio cultural de la ley contra la representación gráfica y la publicidad del tabaco

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA - París - 20/01/2011

Los diputados franceses han decidido devolver a ciertos iconos culturales los cigarrillos que una ley antitabaco muy restrictiva aprobada en 1991 les había robado, al menos a la hora de exhibirlos en determinados espacios públicos.
La comisión de Asuntos Culturales de la Asamblea Nacional francesa aprobó ayer por mayoría modificar esta normativa y aligerarla para que las imágenes culturales que se consideran patrimonio de todos los franceses puedan mantener sus pitillos de siempre.

Hasta ahora no ha sido así y ha habido casos tan sonados como sonrojantes. A Jean-Paul Sartre, fumador empedernido de Gitanes, se le escamoteó un cigarro que mantenía entre los dedos en la fotografía que sirvió de cartel -y de primera página del catálogo- de una exposición organizada por la Biblioteca Nacional francesa en 2005. El incidente dio paso a un titular ingenioso del periódico Libération de su tiempo: "El infierno es... el pitillo"; al escritor y ex ministro de Cultura André Malraux también se le eliminó el cigarro cosido en su boca que tenía en una célebre fotografía que le hizo Gisèle Freund y que sirvió de modelo para un sello de 1996. En los dos casos fueron funcionarios celosos de su cometido los que apartaron los cigarrillos de las célebres bocas.

El episodio más moderno y más llamativo -y que exasperó a buena parte de la sociedad francesa por ridículo y meapilas- ocurrió en abril de 2009. Los andenes del metro de París se llenaron de carteles que anunciaban un ciclo cinematográfico de la Cinemateca Francesa dedicado al director y actor francés Jacques Tati. Para ilustrarlo, los responsables eligieron la iconográfica imagen de un sonriente Monsieur Hulot (uno de los personajes claves de Tati), sacada de un fotograma de la película Mi tío (1958). Hulot, de perfil, montaba en su bicicleta, llevando en el asiento de atrás al pequeño Gérard Arpel y fumaba su pipa. Pero la dirección de la RATP, empresa pública que gestiona los transportes públicos de París, sustituyó la pipa por un... ¡molinete de juguete amarillo! Hubo chistes, risas e indignación. A los responsables de la Cinemateca Francesa el trueque les pareció simplemente un ultraje. "No podemos aceptar este tipo de censura en Francia", aseguró el presidente de la institución, Constantin Costa-Gavras. "La pipa forma parte del personaje de Hulot, es una de sus señas de identidad", añadió. El director, Serge Toubiana, dijo: "Es ridículo. Modificar imágenes históricas porque incumplen leyes es muy grave".

La ministra de Sanidad, Roselyn Bachelot, que en 1991 había votado a favor de la ley, reconoció que si ésta se llevaba a sus últimas consecuencias "se podía rozar el ridículo". El diputado socialista Didier Malthus recordó ayer en la Asamblea todos estos episodios y dijo que eran "caricaturescos". Y pidió rebajar la ley Evin, llamada así por el diputado socialista Claude Evin, ministro de Sanidad en 1991 e impulsor de la normativa. "No son obras concebidas para incitar al consumo de tabaco. Y con esta aplicación restrictiva de la ley son las obras de arte las que se ponen en riesgo".


http://www.elpais.com/articulo/cultura/Francia/fuma/censura/cigarro/elpepicul/20 110120elpepicul_3/Tes?print=1
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Jaime_rosal
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Enviado jueves, 20 de enero, 2011 - 11:16 pm:   Imprimir Mensaje

No pretendo entrar en consideraciones al respecto, pero quiero alertar sobre la hipócrita campaña subliminal de algunos medios informativos. En espcial ANTENA3 en la que no hay día que no machaque a los fumadores, emitiendo una información sesgada sobre el tema y aportando datos "estadisticos" no contrastados. Es bochornosa la cantidad de tiempo que emplea día a día en sus telediarios (mediodía y noche) para demonizar a los fumadores. Es una auténtica tomadura de pelo, como baraja caprichosamente los datos. ¿Qué se esconde tras esta vergonzosa manipulación? ¿Qué intereses tiene la cadena de marras para arremeter sin orden ni concierto a los fumadores?
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Enviado jueves, 27 de enero, 2011 - 03:16 pm:   Imprimir Mensaje

La libertad de fumar

Francesc de Carreras
Catedrático de Derecho

La Vanguardia 27/01/2011

La ley del tabaco ya está vigente y, por tanto, hay que acatarla, es decir, cumplirla. Ahora bien, ¿respeta de forma adecuada la libertad de fumar? Tengo serias dudas.


Para responder a esta pregunta debemos remontarnos a los principios básicos que fundamentan nuestro Estado de derecho. Empecemos por el primero: los seres humanos son libres e iguales. Libertad quiere decir que cada individuo es dueño de pensar y actuar según su propio criterio; igualdad quiere decir que todos tenemos el mismo grado de libertad. ¿De acuerdo? Si es así, prosigamos.



Al convivir con otros seres humanos, el ejercicio ilimitado de nuestra libertad puede impedir el ejercicio de la libertad de los demás. Por tanto, ahí está el segundo principio: sólo en función de la garantía de la libertad de los demás puede ser restringida nuestra libertad. Para determinar la libertad de unos y otros, así como también para asegurar su ejercicio, se inventaron el derecho (es decir, las leyes que delimitan la libertad de cada uno, iguales para todos, no lo olvidemos) y el Estado (el instrumento que garantiza que el derecho se cumpla). Me refiero, naturalmente, a que se inventó el Estado democrático de derecho.



Sentados estos principios básicos, vayamos a la ley del tabaco, en concreto a la prohibición de fumar en espacios cerrados abiertos al público. Las razones que se suelen aducir para justificar esta prohibición son de tres tipos.



En primer lugar, algunos consideran justificada la ley porque protege la salud de las personas. Creo que esta no es una buena razón. El derecho a la salud no está fundado en la libertad, sino en la igualdad: se garantiza que mediante un buen sistema sanitario público tendrán igual derecho a la salud los ricos y los pobres, ya que la salud es un bien que proteger de forma igual para todos con independencia de la posición económica de cada uno. No está prohibido ir en moto, o en automóvil, o escalar montañas o bucear, aunque todas estas actividades tengan riesgos para la salud. Pero como somos libres, decidimos autónomamente asumir estos riesgos. Igual sucede con los fumadores, que también deciden libremente asumir el riesgo de fumar.



El segundo argumento es de tipo económico: el tabaco deteriora la salud y produce enfermedades, lo cual comporta un enorme gasto para las instituciones sanitarias públicas que están sufragadas por todos, fumadores y no fumadores. Es injusto, se dice, que estos últimos contribuyan a financiar algo que no han causado. Tampoco este parece un argumento válido. Primero, porque ello se puede argüir de muchos otros gastos públicos (“yo nunca voy a los museos; así pues, tengo derecho a no contribuir a su mantenimiento”). Segundo, porque al comprar tabaco una parte de su precio va a parar a la hacienda pública al estar gravado con impuestos y, al parecer, aunque es de difícil el cálculo, el importe de estos impuestos es superior a los gastos que comportan las enfermedades provocadas por el tabaco. Y una razón algo macabra: si los fumadores mueren antes, todo esto que se ahorra el sistema de pensiones de la Seguridad Social.



El tercer argumento a favor de la ley ya parece más plausible: su finalidad es proteger a los fumadores pasivos, aquellos que no fuman pero aspiran humo contaminado de tabaco. Se trataría, así, de un límite a nuestra libertad para respetar los derechos del otro. Sin embargo, no hay pruebas concluyentes sobre el alcance del daño que produce el humo del tabaco disuelto en el aire. Parece que para provocar un efecto comparable al que puede sufrir un fumador activo, el pasivo debería vivir muchos años durante todo el día en una atmósfera extraordinariamente viciada, lo cual no justifica las medidas prohibicionistas que adopta la ley. Pero acojamos este argumento aunque sea inseguro y partamos de la dudosa premisa según la cual nadie está obligado a aspirar humo de tabaco.



Podría ser aceptable, entonces, que en los establecimientos públicos se prohibiera fumar porque así lo ha decidido su dueño, sea el Estado, las comunidades autónomas o los ayuntamientos. Quizás también ello sería aplicable en los centros de trabajo privados a los efectos de proteger a los clientes no fumadores. Ahora bien, una prohibición general en los establecimientos privados de ocio, bares y restaurantes, contra la voluntad de su dueño, no parece tener justificación, ni siquiera como protección del trabajador, ya que nadie tiene derecho a trabajar en un establecimiento determinado y mucho menos el derecho a entrar en cualquier bar o restaurante.



Por tanto, mi objeción a la ley se funda en el principio de libertad, base de nuestros estados democráticos. Considero contrario a esta libertad que la prohibición sea general, porque me parece una medida arbitraria (sin fundamento lógico) y desproporcionada (inadecuada para los fines que se pretenden). No entiendo que esté prohibido fumar en todos los bares y restaurantes dado que existe el derecho a fumar.

(Nota: quizás todo lo que he escrito es un sofisma, yo mismo tengo dudas. Pero abramos un debate razonado sobre esta cuestión o acabarán, sin argumentos suficientes, por prohibirlo todo).

la-libertad-de-fumar
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Jaime_rosal
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Enviado jueves, 27 de enero, 2011 - 04:51 pm:   Imprimir Mensaje

Supongo que a nadie a estas alturas del partido se le ha escapado que la ley antitabaco es una nueva cortina de humo del gobierno para evitar que la gente hable de la crísis cuyo último capítulo es el tema de las pensiones recientemente aprobado, la sucesión de ZP, el asunto de las cajas, las autonomías etc. Se me ocurre una pevresidad, tal vez si los ciudadanos se ven condenados a fumar a la interperie aumente la epidemia gripal, una manera de deshacerse de las vacunas que no sirvieron para nada, oh perdón, sí sirvieron: para que las farmacéuticas se forrasen. Ahora que caigo ¿dónde han ido a parar las vacunas?

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